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aspectos de la discusión internacional del II Congreso del PTR: La importancia de un punto de vista internacional

Desarrollamos acá algunos , con decenas de intervenciones de delegados y militantes al calor de los nuevos procesos de lucha de clases mundiales.

 

Pablo Torres

 

La importancia de un punto de vista internacional

 

No se puede partir un Congreso de una liga revolucionaria sin analizar lo más concienzudamente posible la situación mundial y las tareas que de ella se derivan, más para una pequeña liga que da sus primeros pasos en la intervención de procesos bruscos de la lucha de clases y que se pretende el derrocamiento  del capitalismo, la destrucción de sus estados mediante la revolución socialista basada en los organismos de auto-determinación de las masas trabajadores y oprimidas en lucha, en el camino de la lucha por el comunismo, un nuevo sistema social en el cual desaparezca la explotación, las clases sociales, se extinga el Estado y se abra la perspectiva de la cooperación internacional.

 

El capitalismo es un sistema mundial que ha ligado profundamente las diversas estructuras nacionales en un poderoso sistema interdependiente y jerárquico. Más en la actualidad. Esto determina la realidad mundial como una realidad poderosa, interconectada, en la cual se entrelazan las diversas realidades específicas nacionales, desiguales y combinadas. En el siglo XX el capitalismo abría paso a su forma superior, su forma decadente: el imperialismo. La expansión gradual dio paso a disputas cada vez más abiertas por los mercados, al saqueo de colonias y la multiplicación de formas de opresión de las potencias avanzadas sobre las menos desarrolladas desde el punto de vista económico, técnico, social y cultural. Ya no era posible el “desarrollo” sin formas violentas y abruptas, sin guerras, sin crisis cada vez más profundas y prolongadas, y éstas mismas empujaron a las masas a mayores penurias que desencadenaban la irrupción violenta de éstas en la arena política, es decir, las revoluciones. Era una época de crisis, guerras y revoluciones. Una primera etapa de esta época estuvo marcada por dos monstruosas guerras mundiales de rapiña; por la primera revolución victoriosa en Rusia dirigida por el Partido Bolchevique y en base a organismos de democracia obrera (soviets) que anunciaba el surgimiento de la época de la revolución obrera en todo el globo (que luego vivió una contrarrevolución política interna y deformación monstruosa -stalinismo- aunque sin quebrar las bases sociales de la revolución). La Gran Depresión de los años 30´ y el surgimiento de nuevos fenómenos políticos: la emergencia del partido nazi al poder en Alemania, Roosevelt en EEUU, la guerra civil en España, las huelgas generales en Gran Bretaña y Francia. La derrota de revoluciones traicionadas por el stalinismo fue detonante en el incremento de las disputas imperialistas que culminaron en una segunda carnicería mundial. El término de la II guerra abrió una segunda etapa signada por el pacto contra-revolucionario de Yalta y Postdam entre el stalinismo, EEUU e Inglaterra.. Pero este pacto contra-revolucionario, no acabó con los antagonismos y contradicciones de la época, sino las situó en un nuevo plano, en un nuevo marco estratégico. Traicionada la revolución en países centrales al término de la II guerra (Italia, Francia, Grecia) la “coexistencia pacífica” según “áreas de influencia” le permitió al capital imperialista de EEUU, una reconstrucción de las potencias capitalistas en Europa Central y abrió paso a 25 años de crecimiento económico importante en la Europa arruinada que atenuó los conflictos sociales. Así fue como surgieron potencias como Japón y Alemania, antes destruídas en la guerra. Esta “estabilización” fue gracias a la derrota de los procesos revolucionarios en países centrales que auspició el stalinismo (parte de esto era en 1943 la muerte de la III Internacional como muestra de abandono de todo internacionalismo). No entendemos la “decadencia” y “estabilización” solo en términos económicos, ni optimistas ni catastrofistas. Los procesos y resultados de las luchas de clases son determinantes para que exista “agudización” o “estabilización”. Pero el imperialismo tuvo que pagar sus costos: stalinismo avanzando sobre Europa del Este expropiando a la burguesía con “revoluciones desde arriba”, con métodos contra-revolucionarios, no en base a la acción de las masas “por abajo”, sino en base al avance del ejército rojo “por arriba”. En las semicolonias se abrían procesos revolucionarios y revoluciones triunfantes como en China en 1949, la revolución cubana en 1959, y múltiples luchas de liberación nacional: la más importante fue Vietnam que le asestó una derrota al imperialismo yanqui, Argelia, África y Medio Oriente. Esta etapa atravesó luego un proceso revolucionario mundial iniciado con el Mayo francés, que combinaba: procesos revolucionarios en países centrales; las luchas revolucionarias  de liberación nacional en semicolonias; y revoluciones políticas que emergían contra el stalinismo en los países donde habían Estados Obreros Deformados. Entremedio, crisis económica 73-76 dejaba entrever la debilidad del sistema capitalista. Sin embargo, éste redobló la ofensiva: dictaduras en América Latina y Medio Oriente; desvíos en Europa (apoyados por los poderosos partidos comunistas) seguidos de los ataques neoliberales con Reagan y Thatcher; y esto permitió redoblar una ofensiva sobre la URSS en base a la carrera armanentista. La derrota de la revolución polaca en 1981 fue el inicio de la ofensiva neoliberal.

Esta tercera etapa significó un importante respiro del imperialismo, una restauración de su dominio. Y reforzó su ofensiva sobre un tercio de la humanidad donde el capital había sido expropiado. Así, en China, utilizando las tensiones entre el stalinismo maoísta y la URSS, permitió la restauración gradual y controlada de este gigantesco país a la órbita capitalista, nueva “fábrica” del mundo. La URSS se desplomó en 1991 dirigida por la descomposición de esa monstruosa burocracia stalinista que liquidó las conquistas de la revolución. Esto hizo a la nueva etapa no solo de restauración, sino también de contrarrevolución social (lideradas tanto por el imperialismo, como por las direcciones stalinistas de todo tipo). Esta “estabilización” capitalista permitió el restablecimiento de la tasa de rentabilidad y la expansión del aparato financiero y el crédito como nunca antes. La caída de la URSS, el triunfo del imperialismo norteamericano, la reunificación capitalista en Alemania y bajo su dominio la construcción de la Unión Europea, la restauración en China, garantizaron un período de casi 30 años de desarrollo económico capitalista y ausencia de revoluciones. Esto generaba la ilusión de que las contradicciones del capital habían desaparecido y de que una nueva época se alzaba en el mundo.

 

La crisis mundial y el fin de la etapa neoliberal o de “restauración burguesa”

 

Estamos llegando al fin de ese período y al derrumbe de la ilusión del capitalismo como único sistema y la democracia liberal como única forma de organización política. La crisis mundial ha quebrado las bases estructurales de la organización social de los últimos 30 años. Ya a cinco años de iniciada la crisis, son cada vez más débiles los mecanismos de contención, y aunque la burguesía mantenga el control de ésta, es con mayores costos políticos y sociales y de manera inestable. Por eso, en el ámbito económico observamos la segunda recesión en Europa en tres años y la depresión en países a su interior, sin descartarse un quiebre agudo de la zona euro. En EEUU hay un crecimiento anémico basado en los estímulos fiscales, pero con un nivel de deuda estatal histórico, que aunque hace aparecer al dólar como “moneda estable”, en esencia está debilitada. Y el debilitamiento de la hegemonía de EEUU expresado en el dólar, está atravesando nuevas disputas geopolíticas entre los centros financieros del mundo. La ilusión del “desacople” de países emergentes como China, India y también en América Latina llega a su fin, donde se empiezan nuevamente a sentir los efectos de la crisis mundial. Pero no solo tiene efectos económicos, sino está expresándose política, social y culturalmente. En Europa se está debilitando gradualmente la estabilidad política y se erosiona la democracia parlamentaria. El nivel de ataque al movimiento de masas es cada vez mayor y está resintiendo las bases mismas de la estabilidad: el pacto social neoliberal. Los impactos del descontento social ante la miseria creciente, las irrupciones de masas, está erosionando los partidos de la burguesía. Donde mayor se expresa esto es en Grecia, España e Italia. En Grecia hemos observado 17 huelgas generales; una rebelión juvenil y otra estudiantil en sólo tres años. El equilibrio político está roto: se suceden gobiernos de unidad nacional; golpes “tecnocráticos” de la troika; quiebre agudo del régimen parlamentario; derrumbe de los viejos partidos, y una creciente polarización social y política: en la extrema derecha el surgimiento abrupto de un partido Nazi “Amanecer Dorado”; y por izquierda el surgimiento de una fuerza electoral reformista (sin un programa y estrategia de ruptura con el imperialismo; sino con una política de reforma al sistema) de nuevo tipo como Siryza que se ha hecho potente y ganado la simpatía de amplios sectores de las masas. También la izquierda ve con ilusiones a Siryza y llama a apoyarla activamente, con un grado de oportunismo ante la supuesta única salvación, que sin embargo, tiene un programa democrático-burgués. En Italia está gobernando un ex jefe del BCE impuesto para pasar ataques estructurales (terminar con la organización sindical y negociación colectiva para imponer duros ritmos de explotación). En España el ascenso de la derecha al gobierno con el Partido Popular se ha extinguido en 7 meses, mientras es creciente la lucha de clases, la organización de trabajadores y jóvenes, el copamiento de plazas, etc. Y este fenómeno no es solo en Europa (Francia, Italia, Gran Bretaña, España, Grecia, Portugal, Alemania, etc.). En Medio Oriente atravesamos la “primavera de los pueblos”, un agudo proceso revolucionario regional no agotado, aunque desviado contrarrevolucionariamente, de forma inestable. En China es creciente los conflictos obreros y campesinos que se cuentan por decenas de miles, y entre medio de un reordenamiento económico y político con la burocracia dividida. En América Latina es creciente los fenómenos de lucha de clases contenidos con el crecimiento económico, aunque la derecha y el imperialismo intentan contrapesar eso con medidas ejemplares de preparación, como fue el Golpe en Honduras y el reciente en Paraguay.

 

Re-emergencia de la época de crisis, guerras y revoluciones: condiciones favorables para la emergencia del proletariado y la reconstrucción del marxismo revolucionario

 

La etapa neoliberal está llegando a su fin. El “fin del proletariado” se ha mostrado una ilusión reaccionaria. Quienes daban por muerta la “época de las revoluciones” no pueden partir de ninguna comprensión seria de los nuevos fenómenos. El capitalismo decadente, “sumergido” por la restauración-contrarrevolución de los últimos 30 años, nuevamente emerge. El proletariado vuelve a entrar a la escena política. Entre medio de la agudización de la crisis, el quiebre de los viejos regímenes y el despertar de un nuevo ciclo de lucha de clases, aparecen nuevos fenómenos políticos transitorios de todo tipo. Pero es el inicio de una nueva etapa de agudas convulsiones económicas, sociales y políticas. El marxismo, que se había dado tempranamente por muerto, vuelve a reaparecer ante la crisis ideológico del neoliberalismo, antes hegemónico. Y no solo el marxismo, sino todo tipo de “viejas” ideologías: keynesianismo; populismos de derecha, etc. Estas nuevas condiciones objetivas son más favorables que los 30 años sin revolución que estamos terminando.

En Europa las luchas siguen teniendo un carácter defensivo. Pero el fin de la etapa neoliberal hace que justamente no exista una cortina de hierro entre luchas defensivas y ofensivas. Una lucha defensiva contra los ajustes, contra los despidos y recortes, puede abrir paso a luchas ofensivas y procesos revolucionarios profundos. El carácter de la étapa estará signada por cambios bruscos de la situación, por giros estructurales. Tenemos que estar abiertos a todo tipo de fenómenos políticos y de masas: huelgas generlaes; situaciones revolucionarias en Europa; revueltas de todo tipo; fenómenos fascistas; fenómenos de nacionalismos de izquierda y de derecha; revitalización de los sindicatos; organismos de masas de auto-organización. Para todo eso nos preparamos. Para eso analizamos las condiciones y la situación.

 

Entre las condiciones objetivas y las condiciones subjetivas para la revolución hay todavía una contradicción importante. El fin de los mal llamados socialismos reales había abierto una etapa de crisis moral (falta de reconocimiento y confianza de las filas obreras) y de subjetividad (transformación de partidos obreros en partidos burgueses; conquistas parciales transformadas en derrotas estratégicas), es decir, un salto cualitativo respecto a la crisis de dirección revolucionaria. Pero la crisis está alentando mayores luchas de clases, y estas luchas son premisas para la recomposición de la subjetividad de los trabajadores y para que pueda forjar nuevas armas y herramientas de lucha. Pero no es mecánica la reconstrucción del marxismo revolucionario. Sin la intervención de cuadros y militantes revolucionarios, otras ideologías se abrirán paso entre las masas. No puede haber construcción de partidos revolucionarios sin combates revolucionarios. Pero estos combates no pueden triunfar sin la lucha política contra las ideologías reformistas, socialdemócratas, autonomistas y populistas que buscarán ligarse a esos fenómenos de masas y llevarlos hacia nuevas derrotas y la colaboración con la burguesía.

 

Para pensar la intervención revolucionaria no podemos partir de cero. Hay algunos que dicen: “vuelta a Marx”, saltándose las mejores conquistas posteriores a Marx y Engels. ¿Se puede reconstruir una ideología revolucionaria que haga carne en partidos revolucionarios y organizaciones de combate de las masas, sin recurrir a las conquistas ideológicas? Echar tierra la experiencia del bolchevismo, pero sobretodo de la experiencia de Leon Trotsky y el combate que dio en los años treinta por construir con todo tipo de tácticas y políticas una corriente internacional que alce las banderas de la revolución socialista, justamente en esa época cruzada por el fuego de la revolución y contrarrevolución, sería una pedantería digna de los mismos que hace unos años proclamaban por los cuatro vientos el “fin de la revolución” y el “fin de la clase obrera”, adaptándose a las ideas dominantes y al “espíritu de época” excéptico que decían que había que botar al tacho de la basura toda la experiencia acumulada de la clase obrera en el siglo XX. Justamente, porque regresamos a años parecidos (toda analogía es parcial y contradictoria) a la década de los treinta, es porque es necesario partir de las mejores posiciones conquistadas en el terreno de la teoría revolucionaria, como fue las ideas y batallas de Leon Trotsky. La teoría revolucionaria es condensación de la experiencia de triunfos y derrotas. Son un arsenal y legado considerable del cual partir que incluso la mayoría del movimiento trotskista no lo toma como referencia: nos referimos no solo a sus escritos sobre la naturaleza y carácter de la URSS y el stalinismo, sobre el fascismo, el New Deal, la revolución y guerra civil española, los escritos sobre Francia, sobre los procesos en América Latina y su punto de vista innovador sobre los fenómenos en esta región, sobre la guerra y el internacionalismo proletario, sino también a sus Escritos de los años 30´ que tenemos el deber de estudiar y aprehender con un legado de pensar cómo, ante un enorme aparato stalinista y nuevos fenómenos de masas, siendo pequeñas corrientes revolucionarias, buscar las vías tácticas y políticas de construcción de partido.  No solo Leon Trotsky, sino las enormes experiencias de triunfos y derrotas en todo el siglo XX, sin el cual no se puede dar una lucha seria para terminar con el capitalismo. Las luchas y tendencia a la huelga general en Europa, los procesos revolucionarios con desvíos contrarrevolucionarios inestables en Medio Oriente, la apertura de mayores conflictos obreros y campesinos en Asia y América Latina, reactualiza la discusión de qué programa y estrategia se dan los oprimidos para vencer. Nosotros creemos que hay que dotarse de herramientas de hierro, no de hojalata. Sin un programa revolucionario que tenga como objetivo la toma del poder por los trabajadores, y sin una estrategia de combate basada en los organismos de auto-organización de las masas en lucha, únicos capaces de superar la división que impone el capital y a la cual contribuyen las burocracias, y que permiten el crecimiento de la confianza obrera en alianza con los oprimidos y la clarificación de éstas ante su propia experiencia de los programas y estrategias de cada partido puestas en disputa, es imposible vencer. Por eso luchamos por un marxismo con predominio estratégico, como el arte de combinar las fuerzas para vencer al enemigo de clase e imponer la voluntad de los explotados. Nuestra corriente, la Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional dio sus primeros pasos en un momento de resistencia. Ahora se trata de estar a la ofensiva en las ideas y en la construcción, no solo en América Latina, sino en Europa centralmente donde hay mayor tradición combativa del movimiento revolucionario, que siente las bases para superar el actual estadio de debilidad del trotskismo para construir poderosos partidos revolucionarios y organismos de combate de las masas para la revolución obrera y socialista. Sin la revolución internacional el capitalismo encontrará nuevas vías de ataque y nuevas formasd de dominación cercanas a la barbarie. La realidad internacional como realidad poderosa signada hoy por la crisis mundial, no impone salidas nacionales, sino internacionales. Eso reactualiza la batalla por la reconstrucción de un partido mundial para la revolución socialista que tenga como objetivo la lucha por el comunismo, la IV Internacional.

 

Discutimos por el último, fortalecer la práctica internacionalista, siendo más audaces en impulsar campañas internacionales, entendiendo las luchas de la clase obrera y la juventud en el país, como parte de una lucha internacional de los explotados y oprimidos, y que permita abrir mejores vías de discusión con trabajadores y estudiantes sobre el internacionalismo por el cual luchamos, contra todo intento de chovinista o punto de vista nacional como hace la gran mayoría de la izquierda en el país.

Además, resolvimos, aunque no sea un punto candente hoy de la situación mundial, realizar artículos y un folleto sobre Cuba hoy, y el programa (de revolución política) que defendemos desde nuestra corriente internacional defendiendo a Cuba y sus conquistas del imperialismo, y en polémica con quienes mientras defienden a Cuba apoyan incondicionalmente a la burocracia castrista, hoy principal agente de la restauración (siguiendo el “modelo chino”) en la Isla.

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