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España: Huelga general contra la reforma laboral

Pablo Torres

El 20 de diciembre, el parlamento español investía al líder del derechista Partido Popular, Mariano Rajoy, en la presidencia de la República. Las elecciones del 20 de Noviembre que derrumbaron al entonces gobernante Partido Socialista (PSOE), con la pérdida de casi un millón de votos, inclinaron la balanza a favor de una “alternancia” de los mal-llamados “populares”, que prometían una aceleración en la política económica de España ante un panorama cada día empeorando. En menos de tres meses de mandato, la reducción de los gastos estatales y autonómicos, los planes de ajuste y recortes, el decreto de la reforma laboral, se han convertido en la receta española promovida por la “troika” (UE, BCE y FMI) para reducir el déficit fiscal. Mientras, “los de abajo” enfrentan estas políticas con huelga estudiantil y con dos masivas movilizaciones obreras en más de 60 ciudades contra la reforma laboral. El llamado a la huelga general contra la reforma laboral de 24 horas para l 29 de marzo, se convertirá en la séptima huelga general de este tipo desde la transición democrática, y todo anuncia un creciente conflicto de clases y luchas políticas contra el gobierno de Rajoy.

El fin de la España próspera

La crisis mundial y el punto de caída de Lehman Brothers en EEUU el 2008 marcó un antes y un después a nivel global, y España fue donde se dejaron sentir fuertes efectos de ese cambio económico frenando el crecimiento, apuntalando hacia la recesión y terminando la fiebre del crecimiento que tenía inmuído a la economía española. La crisis de las hipotecas subprime resintieron fuertemente el sector estrella de su economía los últimos 10 años: la construcción. Fuertes caídas en las bolsas, pérdidas bancarias, restricción del crédito se tradujeron en una fuerte recesión y aumento del desempleo. En tres años de presidencia del “socialista” Zapatero, además de ayudas a los bancos y las empresas, trajeron al país 3 nuevos millones de desocupados. La cifra pasó de 2 millones a los actuales 5,3 millones de desempleados, la cifra más alta de la Unión Europea, 23%. En los jóvenes menores de 25 años esta cifra se disparó: sobre el 50% de desocupación.

Mientras se pudo recuperar el mercado español gracias al crecimiento del 2009 apuntado por los masivos rescates estatales, ese crecimiento fue solamente pasajero y no vio ningún efecto de mitigación del desempleo. Y la caída económica se acentúa. Este semestre España nuevamente entró en recesión, y carga con una deuda pública de 70% su PIB. Su sector estrella, la construcción, cayó vertiginosamente. Aún se expanden los “desahucios” con que los bancos le quitan los hogares hipotecados a quienes, producto de los despidos o rebajas salariales, no pueden seguir pagando sus dividendos, una muestra inexorable de la crisis que atraviesa este sector. La banca española, aunque no ha caído ningún gran banco, se mantiene sustancialmente con la inversión de capital en países fuera de España, centralmente en América Latina. Por eso mismo las “pruebas de stress” a la banca ha salido con resultados tendientes a la insolvencia. Y ni la venta de activos, ni las fusiones bancarias (como ha sucedido estos años con importantes bancos provinciales y nacionales), ni los préstamos estatales, frenan las bajas de calificación que las consultoras de inversión les realizan. Este año la economía decrecerá -1% según los análisis más optimistas. Además, la crisis autonómica. Los municipios se encuentran con agujeros financieros agudos y echan mano al recorte. Paul Krugman viene sosteniendo hace tiempo que el gran prisionero de la crisis europea no es Grecia, sino en realidad España. Estos meses veremos que esta cuestión se transformó en realidad.

España es la nueva frontera de la crisis europea. Un país más grande, más difícil de rescatar y con un mayor peso mundial que Grecia. La España próspera terminó y dejará enormes efectos en el panorama de Europa.

La doctrina de la austeridad

El anterior gobierno de Zapatero venía impulsando, a la vez que el rescate a los bancos, crecientes planes de ajuste como la reforma jubilatoria, reducción del gasto social y cambios laborales otorgando mayores concesiones a las patronales para la reducción salarial. Más de 3 millones de nuevos desocupados se sumaron al importante ejército laboral desempleado en el anterior gobierno. Esta receta, sumado a “reformas estructurales” es la que el gobierno derechista de Rajoy del Partido Popular quiere imponer a los explotados y oprimidos. Pero esa, no es en realidad una receta de España: es la doctrina de la austeridad de la Unión Europea que viene agitando la “troika” del Banco Central Europea, La Comisión Europea (encabezada por Alemania), y el FMI.

Veamos un caso: Rajoy, el mismo día de Enero que firmó el “nuevo pacto de estabilidad fiscal” de la UE, sometió a prueba a la “troika”: en un discurso afirmó que España no cumplirá el déficit que le habían encomendado. Es decir, un “desafío” a Europa. Su plan de déficit llegaría al 5,8% este año, tras haber sido modificado del 4,4%. En una reunión en Bruselas la semana pasada, la Comisión Europea “condenó” a España a bajar a 5,3% su déficit, y para ello tiene que recortar 5.000 millones de euros más. Es decir, nuevos ataques, nuevas reformas y nuevas reducciones del gasto.

La doctrina de la austeridad está causando estragos ya en Grecia (quebrada virtualmente), y hacia allá se encamina Portugal, España, y probablamente Italia. En economías en decadencia, agilizan fuertes conflictos de clase. Por eso han dicho bien las pancartas de la calle: “España es Grecia”. O al menos, hacia allá va.

Mientras tanto, en diciembre el BCE cambió su “doctrina” de la ortodoxia económica y se sumó a las “relajamientos cuantitativos” de la Reserva Federal de EEUU: al mismo tiempo que empuja a más países a los recortes, ha extraído de su billetera 1 billón de euros de préstamos a los grandes bancos europeos. Eso, aunque ha calmado momentáneamente al mercado, no resuvel ningún problema fundamental de la economía europea. Todo indica que aumentará la recesión este año y se debilitarán nuevos países. Por eso, un periodista de El País con razón escribió que España es la nueva frontera de la crisis europea.

Rajoy, ajustes y reforma laboral: el fin de la paz social

El fin de Rajoy es presentarse como un buen líder del “partido del orden” para preservar a España de la decadencia a la que se acerca. Por eso tiene claro que su mandato será de recesión, de ajustes y ataques al menos durante los primeros años. Ya en su campaña se mostraba seguro de la austeridad que tiene que pasar la economía española para frenar el descalabro económico. En realidad, su campaña comparada a la de los “socialistas” de Zapatero y Rubalcaba, no distaba de contenido, sino de los ritmos e intensidad de los ataques.

La actual reforma laboral, decretada por el gobierno el 10 de Febrero (menos de dos meses de asumido) y ya aprobada por los Diputados, contempla lo siguiente: despido fácil; disminución de las indemnizaciones; rebaja de sueldo por razones de competitividad o productividad en cada empresa; cambio unilateral de condiciones laborales. Es decir, duras medidas de “devaluación interna”. Esto aumenta el poder de los empresarios, y lo más seguro abra una nueva cadena de conflictos en empresas.

¿Pero qué es la reforma? En realidad, esta reforma es la más importante de España en los últimos 30 años. De una manera abrupta, cambia todas las condiciones de la “paz social” del neoliberalismo. Al aumentar el poder de las patronales, no solo permiten despidos y flexibilización de forma unilateral, sino que le quitan todo piso a los sindicatos. Es decir, rompe no solo con la estructura laboral de las últimas décadas, sino con el “diálogo social”. Es una reforma que inevitablemente empuja a la lucha de clases.

La Huelga General: un punto de inflexión

La primera reunión de Rajoy en Europa le dije en el oído a un ministro europeo: “La reforma laboral me va a costar una huelga general”. Dicho y echo. Rajoy no solo tiene claro que le vendrá resistencia por su reforma, sino que además está decidido a enfrentarla. Ya empezó su cruzada contra los sindicatos. En dos meses, ha tenido dos masivas movilizaciones nacionales de la clase obrera y la juventud, y una huelga estudiantil. El 19 de febrero con marcha masiva en 57 ciudades la reforma, con millones de personas. El 11 marzo en 60 ciudades. Y ahora la Huelga General para el 29 de marzo. Todo indica que la dinámica española puede agarrar la resolución y prueba de fuerzas ya no el parlamento o en los acuerdos bilaterales con la burocracia sindical, sino que puede empezar a resolverse en las calles.

La burocracia sindical presionada por el ambiente de mayor efervescencia en la clase trabajadora, se vio obligada, sin querer, a convocar a la huelga. Y no la quieren, sino que han dicho que es como método de presión para “negociar” con el gobierno. Pero además, están dolidos porque esta reforma atenta de alguna forma contra su paz social, pues ahora ni las empresas ni el gobierno los llamarán a negociar. Rajoy como un líder dispuesto de la patronal, no quiere hacer mínimas concesiones ni siquiera dialogar los puntos fundamentales de la reforma con los sindicatos. La burocracia sindical de la UGT (Unión General de Trabajadores, dirigida por el PSOE) y CCOO (Comisiones Obreras, dirigidas por el PCE) incluso participan de todas las “reuniones técnicas” con los ministros de economía, y firmaron un “pacto de moderación salariales” con las grandes y medianas empresas, la CEOE y CEPYME. Pero quieren “moderar” el ataque. Por eso le han enviado dos cartas para que “negocie”. Temen perder su “diálogo social” y verse en la oposición a las medidas, pues se ven obligadas a alentar luchas que no tienen seguridad de poder controlar si estas ascienden, pues se inició el fin de la paralización de la clase obrera española.

Los trabajadores españoles sufrieron un efecto paralizante estos años: los millones de despidos provocaron temor en la lucha y desconfianza en sus fuerzas. Contribuyó a eso el rol traidor de la burocracia sindical de colaboración de clases que todavía mantiene en control al proletariado español. Pero estamos en el inicio de ese fin. La clase obrera española, con enorme tradición y combatividad, solo aplastada por la bota del franquismo en la guerra civil (con la colaboración del PCE que desarmó las milicas), ha vivido en el clima de la “paz social” de la transición democrática a la fecha. Esto se está agotando. La burguesía imperialista empuja al proletariado a la lucha, y éste empieza a despertar de la parálisis de la desocupación. Asimismo la juventud, que ya el año pasado se indignó y salió a protestar en las plazas, y ahora en las universidades. El hundimiento de España, la presión de los mercados por nuevos ajustes, y el nuevo clima social por las masivas movilizaciones de los obreros y estudiantes estampa: “se ha terminado la paz social, inicia la lucha de clases”. Nuestros compañeros de Clase contra Clase están luchando en ese lado del atlántico por la independiencia política de los trabajadores y para preparar una huelga general que demuestre que la clase obrera española ha despertado para hacer frente a la crisis, y decir: ¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

 

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